LA PARTIDA DEL VIEJO

Por: Marcela Espinosa

El reloj con su tic tac no para de anunciar el correr del tiempo, el pasar de las horas.


Cierro los ojos cansados de tanto llorar.


Pasan las horas…


Entonces un olor familiar me despierta, huele a vainilla, a galletas, a flores, a café, a Malboro, huele a red de pesca, a periódico recién abierto, a ordeño, a campo, a siembra, huele a viernes de dominó, a domingos de asado, huele a cariño, a risas, a arrugas huele a, huele a abuelos.


Me obligó a levantarme de ipso facto.


Corro a toda prisa como me lo permiten mis pies. A travieso pasillos, bajo escaleras y busco por la casa ese tan exquisito y especial olor, escucho el cuatro viejo del abuelo, la melodía alivia mi alma, y calma mi dolor.


Trato de esconderme tras la alacena, pero entonces el tata me ve, me guiña un ojo, me sonríe.


Canta boleros, recita poemas, me envuelve en sus brazos, su barba blanca y áspera me produce cosquillas, reaccionó pues siento que me ha soltado.


Mi sonrisa se desdibuja y lágrimas empiezan a correr por mis mejillas ardiendo en fuego.


¡Tata! ¡Tata! Chilló, pero su imagen se esfuma en el viento.
En un tétrico hospital…. Su voz se va diluyendo en el espacio.
-¡Tataaaaa! No estoy lista, tata no te vayas.


Mamá toca la puerta el crujir de la madera vieja me ha despertado ha Sido un sueño el viejo ya no está.


Desde el marco de la puerta con su cara desencajada, más pálida que una muñeca de porcelana más muerta aún que el mismo tata así luce mamá.


Es hora de la despedida.

-Exclama por fin con una voz fría.


No estoy lista mamá lloro, no quiero despedir al tata, se acerca rodea mi cuerpo y a su tacto me hago chiquita, me cubren sus brazos.


Pero si el abuelo está aquí susurra suavemente – se le entrecorta el aliento y por una milésima de segundo se desmorona. ¡bueno ya! Poned buena cara hay que celebrar la vida, la vida del tata.

No cuestiono, creo que la vida se mudó al campo santo, por lo menos allí brotan flores porque la casa, la casa es un cementerio sin el tata.


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