LA VERDAD QUE QUISIÉRAMOS SABER, NO LA QUE LOS VIOLENTOS NOS QUIERE CONTAR

Por: Nerio Luis Mejia

Luego de la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos Calderón y la extinta guerrilla de las farc, el país ha experimentado el resurgimiento de la más exacerbada violencia, especialmente en aquellos territorios donde han hecho una histórica presencia los actores armados, tal es el caso de la región del Catatumbo, donde una vez desmovilizadas las farc, la región vivió un expansionismo por parte de otros grupos armados de menor poder criminal con el objetivo de establecer su dominio territorial que les permitiera la continuidad a sus interés y el control sobre las economías licitas e ilícitas en la región, lo que llevo a provocar enfrentamiento entre los mismos ilegales.


El descredito que han tenido todos los procesos de paz en nuestro país, ha llevado a nuestra sociedad de poner en un menor plano cuando se trata de este tema, dándole prelación a otros asuntos que se consideran de mayor interés, como son el empleo, la educación, la salud y seguridad ciudadana, debido a que los miembros de los grupos armados ilegales que han participado en la danza de la paz no aportan nuevos elementos, los exparamilitares no hablan de otra cosa de las que ya sabemos sobre sus estrechos vínculos con políticos regionales, lo mismo hacen los exguerrilleros, claro estos últimos lo hacen con mayor cautela, en lo que podríamos interpretar como el ocultamiento de gran parte de esa verdad.


Fue así que esta puja por el poder criminal en el territorio ha dejado una estela de sufrimiento en el seno de las familias catatumberas, que les ha tocado vivir con el dolor y como si fuera poco, convivir con los victimarios, ya que ¿a dónde pueden ir para escapar del duelo, sin escondérsele a la miseria que enfrentamos las personas de escasos recursos víctimas del desplazamiento forzado en el país?


Hoy cuando soplan los nuevos vientos de la desinteresada paz, no por lo que significa, si no por lo que presagiamos en lo que puede terminar, revive las esperanzas de conocer la verdad, “esa que quisiéramos saber, no la que nos quieren contar los actores armados a su acomodo”, sobre las nuevas alianzas de los grupos armados como el eln, las disidencias de las farc el epl y los paramilitares con políticos regionales y locales en nuestra región, queremos saber la verdad, sobre financiación y las órdenes recibidas e impartidas y que asuman la responsabilidad penal por los crímenes que han cometido en el territorio, como la masacre del 2018 en el municipio del Tarra, quien la autorizo y cuál fue el motivo, si se puede considerar la existencias de motivos cuando se refiera al asesinato de personas, el homicidio del dirigente conservador, Bernardo Betancur Orozco, candidato a la alcaldía de Tibú en septiembre del 2019, la execrable muerte de nuestro compañero Jorge Solano vega, líder Defensor de los Derechos Humano el 3 de noviembre del año 2021 en la ciudad de Ocaña, lo más recientes asesinatos ocurridos en el presente año (2023), José Antonio Santiago, presidente de la Junta de Acción Comunal de la Vereda Socuavo Norte, a quienes sicarios motorizados le propinaron varios disparos que acabaron con su vida en el mes de febrero del 2023, el ataque con arma de fuego que le arrebató la vida a Sergio Luis Castro, líder social y militante político de la Colombia Humana, aspirante al concejo municipal de Tibú, este crimen ocurrido el 18 de mayo del 2023, a pesar de la consternación siguen impune.


Para que el interés de la sociedad colombiana vuelva su mirada a la hora de hablar de paz, se requiere más que voluntad política, se les exige a los actores armados desentrañar la verdad con el propósito de resarcir a las víctimas y convertirla en monumento histórico con el compromiso de no repetición, la verdad absoluta que necesitamos conocer no la que se ajuste a los intereses de quienes no las quieren contar.


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