RESILIENCIA PARA CONTINUAR EL CAMINO

Por: Linda Villamizar

El dolor de perder a alguien o de perdernos a nosotros mismos,
El dolor generado por el olvido de un ser al que amábamos, de no ser elegidos o de ser intencionalmente heridos,
Esos acontecimientos impregnan una herida que al ser tocada vuelve a doler.


Pensamos que siempre algo podemos hacer para olvidar, sin embargo, el proceso de duelo no es así de lineal, ni el resultado será que olvidemos.
En psicología nos enseñan las cinco etapas del duelo postuladas por Elisabeth Kübler, entendiendo que el duelo no sólo se da por la pérdida de un ser querido.


Elisabeth expone la negación como la primera etapa, la ira o enojo como la segunda, la negociación que es en donde hacemos cosas que nos generan esperanza sería la tercera, la depresión o estado de tristeza profunda y de desesperanza como la cuarta, y por último la aceptación, etapa en la que interiorizamos dicho suceso como un hecho natural de la vida misma.


Esa aceptación no significa que siempre estaremos en calma, algunas fechas nos harán recordar,
Hechos, sucesos, colores, tonos de voz, lugares, tocarán la herida, nos faltará el aire, nos dará un nudo en la garganta, presión y dolor en el pecho, probablemente volveremos a llorar,


Nuestros pensamientos estarán en otro lugar, dispersos.


Eso no quiere decir que hayamos retrocedido en nuestro proceso, algunas personas, algunas experiencias valen el recordarles, y consecuentemente la melancolía invadirá nuestro ser,


Y otras heridas son tan profundas que aunque no quisiéramos recordarlas, algo siempre en algún momento nos hará que duela.


Esa aceptación es comprender que muy probablemente nunca olvidemos, y de hecho, el valor de lo perdido hará que no queramos hacerlo,


O que por lo profundo de la herida sepamos que ahí está el dolor, que viviremos con él, con la ausencia, la pérdida.


Esa aceptación es comprender e interiorizar que nuestra vida continua, esa persona habría querido que estemos bien,
De hecho, esa persona que nosotros éramos antes de dicho suceso había soñado con la prosperidad y el éxito en nuestros proyectos.


Podemos vivir con ese sentir.


Siempre que tengamos vida hay esperanza para nosotros, para generarnos y generar en nuestros seres queridos, orgullo y admiración.


La vida no da pausa, no espera, no dilatemos el proceso y continuemos,
Nuestros seres queridos, aquellos que están y aquellos que nos acompañan en espíritu, energía o recuerdos, lo valen,


Nosotros lo valemos.


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