UNA RADIOGRAFÍA A LA REALIDAD DE LA MUJER EN COLOMBIA

Por: Jacqueline Maldonado Avendaño

En una cultura donde las identidades femeninas están estereotipadas por diferentes roles impuestos socialmente, se desatan situaciones de conflictos cotidianos que desencadenan en escenarios, donde la protagonista sufre diferentes tipos de violencia, y sin ningún pudor, escenas trágicas terminan en finales macabros registrados en noticias o en relatos populares.


A pesar de los históricos avances en materia de derechos de la mujer y la igualdad de genero, el panorama en Colombia es escabroso.


Según, reportes de la Procuraduría General de la Nación, en el Boletín 2280 de 2023, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses reportó que en el año 2022, se registraron 47.771 casos de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar, cifra comparativa con el año 2021, evidencia un aumento de 7.713 casos. Ahora bien, en lo corrido del año 2023, se han registrado 3.483 casos de violencia intrafamiliar y 1.516 exámenes médico-legales efectuados por presunto delito sexual. En este mismo boletín, el Ministerio Público referenció que, entre el 1 de enero al 3 de julio de 2023, se han registrado 320 casos de feminicidios en el país.


Esta violencia perpetrada contra la mujer en cualquier edad, establece una violación de los derechos humanos perpetuada durante décadas. Por tanto, es omnipresente, pero no es inevitable, a menos que se mantenga en silencio. Por consiguiente, es un asunto de todas y todos, que con empatía y sororidad se motive el interés por identificar ¿cuáles son los indicios del maltrato? y aprender cómo ayudar.


Ahora bien, el primer paso para romper este ciclo de maltrato, es garantizar espacios seguros donde la mujer pueda hablar y ser escuchada, sin prejuicios, ni señalamientos, y así, comparta su historia de violencia.


Por lo anterior, es urgente desde lo gubernamental, acciones puntuales y efectivas al derecho de acceso a la justicia de las mujeres, evitando su revictimización, de manera, que se impulse la adopción de decisiones imparciales, sin estereotipos de género. Asimismo, servicios esenciales como refugios, líneas de atención telefónica, asesoramiento, inversión en recopilación de datos pertinentes para aplicar medidas de prevención y brindar apoyo adecuado. También, se requiere efectividad en el proceso de disminución o cierre de las brechas de género. Así como, resarcir las brechas laborales.


Finalmente, se necesitan políticas educativas y culturales, dónde se estudien y promuevan los derechos humanos y el respeto por el otro.


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