LA BELLEZA INTERIOR (ACEPTACIÓN EN TIEMPOS DE DISMORFIA)

Por: Elizabeth Villamizar

La dismorfia corporal, la oscura sombra que nos persigue día tras día, es una lucha interna que en ocasiones parece no tener fin. Los ojos se convierten en jueces crueles, escudriñando cada centímetro de nuestro ser en busca de imperfecciones inexistentes, en este torbellino de auto-crítica, sé que enfrentarte con amor propio es un desafío abrumador.


Cada mirada al espejo se convierte en una batalla, y a menudo se siente que se está perdiendo terreno, pero en medio de la tormenta, desde acá lo tomaré a manera personal he aprendido que el amor propio es el faro que puede guiarme a través de las aguas turbulentas de la dismorfia corporal, yo no soy solo mis aparentes defectos; soy una mujer maravillosa, un ser humano completo, lleno de experiencias, emociones y cualidades que me hacen única.


El amor propio no es un acto de egoísmo, sino un acto de auto-compasión, hace un tiempo decidí abrazar mis imperfecciones y abrazar mi humanidad, con todas sus imperfecciones y peculiaridades, hoy puedo liberarme de las cadenas de la auto-crítica y encontrar un lugar de aceptación y aprecio por mí misma.


En mis momentos más oscuros, cuando la dismorfia corporal amenaza con devorarme, recuerdo que hay un camino hacia la luz y busco ese apoyo necesario (aunque creamos que no) de amigos y familia que me aman tal como soy, y me curan a menudo, en ellos encuentro mi refugio hacia la sanación.
Sé que no hay un camino fácil ni una solución mágica, la dismorfia es una batalla constante, pero una batalla que puedo librar con valentía y amor propio. Cada día es una oportunidad para practicar el auto-cuidado, y aunque las sombras de la dismorfia puedan oscurecer mi camino, el amor propio es la luz que me llevará a un lugar de auto-aceptación.



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