DIATRIBA AL CUCUTEÑO

Por: Víctor Monteverde

Actualmente dicen que “PONERSE LA 10” es tener sentido de pertenencia dónde se labora, dónde se está generando una economía, el sustento para sobrevivir. Aquí les cuento lo que el cucuteño ha hecho por siglos y sigue haciendo pero que realmente camufla años de explotación laboral y decadencia en la cultura.


El sentido de pertenencia para con la ciudad llega hasta donde las redes sociales lo permiten, pues solo allí se presume. Ponerse la camiseta ahora es sinónimo de explotación laboral, de “quedarse más tiempo” por el mismo Salario pues se le debe rendir pleitesía y “a Dios gracia que se tiene trabajo” así como dice doña Carmen, vendedora informal en la ciudad desde hace 10 años.


Los “puesticos” de ventas informales que inundan las calles de la ciudad (no porque quiera, sino porque “de algo hay que emprender”) como le llaman algunos taxistas, haciendo alusión a el caos que se genera en las mismas calles, pues la prudencia de los mismos se ha evidenciado a lo largo de los años. (Espero quede explicito el sarcasmo, porque sería algo plausible de escribir)
El cucuteño ha permeado en la sociedad, caracterizado por conceptos como: “Berraquera”, “Echao pa’ lante” y “avispado”, es allí donde nace la siguiente pregunta ¿De qué se construye todas estas representaciones del ciudadano CUCUTEÑO?


De jefes que le apuntan al consumismo sin importar como lo vendan, que sus trabajadores que se esfuerzan desde temprano por cumplir metas sobrevaloradas, sean tratados de formas poco empáticas y cuestionables por jefes de un establecimiento de quienes ni siquiera su pago depende, de supermercados que divisan el efecto del desempleo y “NEGREAN” al que llega con la esperanza de cambiar su estabilidad económica y emprender, con horarios extensos y horas extras no remuneradas, se convierten en algo así como el escalón más bajo en el sector comercial del centro de esta ciudad. Y Todos callan porque el “puestico” se puede perder. La ciudad ha creado un ejercicio del oprimido, que viene siendo trabajar “exprimido” sin tener en cuenta la salud mental (o física en algunos casos extremos).
He ahí que las falsas promesas de candidatos en Cúcuta se vean utópicas, o que el activismo social se vea nublado por sesgos y constructos sociales en pro del “ESO NUNCA VA A CAMBIAR”.


En la diatriba al cucuteño afirmo que EL CAMBIO EXISTE y el supuesto realismo con el que la gente ve las cosas es una mera ausencia de herramientas para volver a confiar en una ciudad donde sus habitantes no compitan por sobrevivir y sobresalir, sino por aportar y apoyar. El Cucuteño se encuentra desmotivado, porque llegan y les venden la idea de un cambio, toman la mermelada que necesitan y desaparecen o en su defecto vuelven a lanzarse a puestos como servidores públicos donde no sirven sino para el bien individual.


El/la ciudadano/a cucuteño/a es un/una berraco/a, pero no por ser avispado/a o vivo/a, sino porque sigue soportando tanto, lo que en la resiliencia puede incluirse. Y no se cansa, solo sigue existiendo cual cordero en matadero que pastan aun sabiendo su final.


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