NO OLVIDES QUE CASI TODO TIENE SOLUCIÓN

Por: Mónica García

A veces, un simple diagnóstico lo cambia todo.


No nos confundamos, eso no significa que el excesivo afán de diagnosticar que se ha vuelto popular en las distintas redes sociales, donde personas sin adecuada formación ni contexto hacen juicios irresponsables sobre qué comportamientos son normales o no, sea positivo: se presta tanto para banalizar los síntomas como para patologizar la vida cotidiana, es decir, los dos extremos en el caso de la salud mental; pero que un profesional en el área te diga a dónde apuntan tus síntomas y qué opciones hay para enfrentarlos, sin duda puede ser de gran alivio.


Somos muchos los que hemos experimentado señales de alerta como palpitaciones, sudoración, temblor en las manos o en el cuerpo, pánico, ganas de salir corriendo de un lugar, falta de aire, entre otros, ante situaciones particulares o generalizadas (por ejemplo, puede sucederte en espacios abiertos si sufres de agorafobia) y también tantos otros los que nos sentimos perplejos pensando que se trataba de una condición fisiológica -de hecho lo es-, pero sin saber que podía tener un componente mental, emocional y por supuesto, estar relacionada con un desequilibrio en el sistema nervioso.


En estos casos siempre se debe descartar una condición física de base, es decir, hacer los exámenes pertinentes de sangre, electrocardiogramas, incluso de la glándula tiroides, con el fin de tener claridad y proceder a enfrentar la ansiedad como lo que es: una enfermedad agobiante, que agota las fuerzas, que entorpece la vida y el disfrute de las situaciones placenteras, que desgasta y hace mella en el ánimo y la salud en general.


Se suele subestimar este trastorno tanto como la depresión y otros incluidos dentro de la categoría de lo mental, de lo que no parece verse a simple vista, –aunque eso es discutible: los síntomas son evidentes, que los pasemos por alto es distinto; sin embargo (búsquenlo en Google), se calcula que alrededor de 264 millones de personas alrededor del mundo padecen esta condición, conviven con ella y la sufren día a día en sus cuerpos.


¿Cómo salir de allí? Es importante aprovechar este espacio para afirmar categóricamente que nada reemplaza el abordaje de esta sintomatología por parte de un profesional debidamente entrenado, ni los coaches (a menos que hayan pasado por una academia de Psicología), ni los influencers, ni los guías espirituales (aunque pueden aportar desde su competencia), ni los especialistas en flores de Bach o en estudios de ángeles, ni los profesores de yoga –aunque contribuyan enormemente a la mejora de los síntomas-, así como pueden hacerlo una adecuada alimentación, ejercicio regular, la meditación, etc., todo lo anterior como complemento de un proceso psicoterapéutico que permita identificar aquello que nos aqueja, por qué motivos y en qué situaciones, cómo podemos controlar los ataques, mantener a raya el estrés, los pensamientos negativos y las ideas intrusivas, que nos enseñe cómo procesar adecuadamente las emociones, responder lo más asertivamente posible a las situaciones de la vida y mejorar la expresión de nuestros sentimientos.


Después de esto, créeme, te vas a sentir mucho mejor.


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