Carta a Personaje Réquiem NN

Por: Chavelly del Pilar

A: Luis Carlos Gaviria

Pescador


Querido y desconocido Luis Carlos, he visto Réquiem NN y he querido escribirte en el aforo de la penumbra. Quizá esta carta esté por llegar a tu hogar y no te encuentre, mientras alistas tus herramientas para ir a pescar… Tal vez la reciba alguien más.


Alguien más la podría estar abriendo y en ese instante, concilias con el señuelo para que sea un buen día. Mis palabras entonces te llegarán como esa brisa del río que pasa desapercibido.


Honro tu trabajo, y admiro tu valentía de continuarlo, amigo confidente del río, portador de su noticia. Eres el Hermes del Río Magdalena, cargas a tus anchas los muertos que fueron alguna vez, hermanos, ladrones, campesinos, madres, santos… pescas la malicia del mundo, va en tu red los hijos de la violencia, y es tu fuerza el canal de un dolor que esperanza a través de la oración.


Querido y desconocido pescador, aplaudo tu relación con las aguas, eres el partero de una madre que parió un muerto, le das paso a los que se fueron sin nombre, llevas a la cuna aquel cuerpo desmembrado, que tendrá como lecho una tumba, y le cantaran plegarias para su resarcir.


Te conservo en la imagen latente de una carnada, es la paciencia que te impones en el Magdalena, que me permite imaginarte en destellos de luz al caer la tarde, con el premio mayor de un día de pesca, quizá el hijo parido de tu vecina, que andaba buscando hace dos años. Has logrado el premio mayor en este día de pesca, y no obstante mañana sigues en la esperanza de atrapar desde la sutileza de un pescador el movimiento apacible de un sollozo, de un último respiro que carga ese cuerpo desmembrado.


Ha pasado un gallinazo y me ha contado que te ha visto, a lo lejos un pescador espera paciente la caída de un lamento, el gallinazo cruza también por el Tolima, nos ha dado noticias, y ha contado sus temores, nos comunica que teme estar encima tuyo, se compadece de ti.


Querido y desconocido pescador, espero cuando llegues a casa puedas leer mis palabras, y saberte enardecido porque las aguas que pescas también las he tocado, sufro y padezco la angustia de una pesca.
Te abrazo y te pregunto:


Querido y desconocido amigo, ¿alguna vez has pescado un pez?


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