INCULTURA CIUDADANA

Por: Cristian J. Vera

Es muy evidente la ausencia de propuestas en políticas públicas que promulguen la educación en pro de la cultura ciudadana, sus principios fundamentales y los deberes que tenemos como ciudadanos, y lo anterior se ve muy reflejado en nuestro contexto social.


Por consiguiente, debemos analizar que, en nuestro barrio, comuna o ciudad, carecen las acciones sobre el bien común. Por lo que podemos citar fácilmente los siguientes casos: no priorizamos el paso de niños, ancianos o discapacitados; no respetamos las señales de tránsito; tiramos la basura en espacios públicos; no respetamos el turno en la fila; no saludamos en el transporte público ni pedimos el favor o el permiso; no entregamos el objeto de valor que se perdió e interrumpimos el tránsito peatonal.


Y es que el término sigue siendo muy extraño, y creemos que no es algo primordial e importante. Pero pensar en el otro y el bienestar colectivo hace parte de nuestro avance. Lo anterior es consecuencia de la falta de promulgación desde nuestros gobernantes, como también la ausencia de estrategias locales en pro del desarrollo común, tan raro como fueron los experimentos colectivos que implementó en su plan de desarrollo Antanas Mockus, disfrazado de Súper Cívico, que promulgaba el respeto a los espacios públicos y los mimos que salían en las calles de Bogotá, enseñando a los ciudadanos a respetar las normas de tránsito.


La propuesta pedagógica y educativa sería un reto nuevo e innovador en Cúcuta, una tarea larga y compleja de implementar en pro de la tolerancia, la espera, la convivencia, el respeto y la conciencia sobre el otro.


Debemos tener en cuenta la ciudad, el contexto, las costumbres y que el ciudadano de a pie es tosco, grosero, se niega a aprender, no escucha, no tiene tiempo, tiene afán, va tarde, se niega a lo innovador, el calor lo sofoca, tiene siempre la razón y se casó con la ley del más vivo. Por lo que la propuesta sistematizada a implementar debe conocer el contexto en pro de los resultados.


No tenemos la cultura, no nos cuestionamos y no vemos el trasfondo o los beneficios sobre este tema, por eso se nos facilita afirmar a diario: «por eso estamos como estamos».


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