EL VALOR DEL SILENCIO

Por: María Inés Sanchez

Cuando se habla de silencio, estamos orientados a pensar y suponer que se trata de quedarnos callados, de guardar nuestros miedos, felicidades, dichas, placeres y angustias. Tenemos la vaga creencia de que guardar silencio es reprimir nuestras emociones y sentimientos; que es no decir nada, incluso que se trata de ignorar nuestras ideas.


Pero nadie se ha atrevido a mostrarnos el valor del silencio, la importancia que tiene en nuestras vidas. Nadie nos ha mostrado el silencio como una herramienta para discernir, para gestionar los impulsos. En una sociedad que promueve la libre expresión, estamos educados para hablar y hablar, para manifestar todo lo que llega a nuestra mente.


Y sí, en parte está muy bien desahogarnos, sacar lo que llevamos dentro y expresar la manera en cómo nos sentimos, pero antes de ello debemos aprender a valorar el silencio. Ese estado mental que nos permite poner en alto los pensamientos recurrentes y negativos que nos acechan día tras día; que nos sabotean y nos maltratan emocionalmente. Dichos pensamientos están asociados con nuestras inseguridades sobre nosotros mismos. Dichos pensamientos nos hacen perder grandes oportunidades en la vida; por dichos pensamientos echamos por la borda relaciones y vínculos emocionales sumamente importantes.


Tener la capacidad de silenciar nuestros propios pensamientos nos permite desarrollar un grado más alto de conciencia plena y autoconocimiento. Enfocando así las ideas hacia nuestro crecimiento y no hacia nuestra autodestrucción. Pero para lograrlo, es importante entender lo que ocurre cuando guardamos silencio de manera asertiva en el momento indicado. Allí es donde ocurre la magia. Esa magia en la que dialogamos con nosotros mismos, donde nos cuestionamos, nos regañamos e incluso nos motivamos antes de decir o expresar cualquier cosa. Es ahí, en ese momento, cuando yo decido qué sí y qué no decirle al mundo.


Todo esto está estrechamente ligado a lo que en Psicología conocemos como inteligencia emocional. Es esa habilidad que nos permite identificar y gestionar nuestras emociones y sentimientos antes de expresarlos. Esto nos permite procesar toda la información que tenemos en mente y transmitir de manera empática lo que llevamos dentro. No debemos olvidar por ningún motivo que somos seres humanos con capacidades únicas e inigualables a otras razas de seres vivientes en la Tierra. Por ello, como seres pensantes, debemos asimilar que nuestra libertad termina donde comienza el respeto por el otro.


Con toda la era de la revolución tecnológica y el ruido de la sociedad, llega el momento en que cerramos los ojos, nuestro corazón late fuerte y nuestra mente no para de pensar, idear, idealizar y de imaginar. Se nos hace un nudo en la garganta. Sentimos incluso que el oxígeno no es suficiente. Es entonces cuando debemos recurrir al silencio, abrir un espacio en nosotros mismos para descansar de nuestro propio ruido.


¡Recordemos que el silencio también es una respuesta!


Descarga la columna a continuación:


Sobre la autora:

Deja un comentario