HOBBY O TALENTO

Por: Miriam Ureña

Escribir es el arte supremo de la expresión. Es el vuelo de nuestras mentes y almas a través de la tinta y el papel, donde las palabras se convierten en alas que nos llevan a mundos desconocidos. Cada frase, cada párrafo, es un pincelazo en el lienzo de nuestra existencia, un verso que emana desde lo más profundo de nuestra esencia.


Cuando escribimos, desnudamos el alma. No hay máscaras ni falsedades, solo la verdad en su forma más pura. Las palabras nos permiten cubrir nuestro corazón con un manto de emociones y sentimientos, como un abrigo en una noche fría. Es una terapia que nos libera de las cargas negativas, un desahogo que nos deja en paz con nosotros mismos.


En ocasiones, nos callamos por miedo. Tememos que nuestras palabras no sean suficientes, que nadie quiera escuchar lo que tenemos que decir. Pero el silencio, a pesar de su comodidad, no es saludable. El acto de escribir nos empodera, nos da una voz que se eleva por encima del miedo y la autocrítica. Cada palabra escrita es un acto de valentía, un grito al universo que dice: «Aquí estoy, y tengo algo que decir».


Escribir despierta la creatividad que yace en lo más profundo de nuestra alma. Es un acto de comunión con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. El lenguaje que compartimos a través de la escritura es un puente que conecta nuestras mentes y corazones, una danza de ideas que trasciende el tiempo y el espacio.


La esencia de la escritura radica en la comunicación clara y legible. Cada palabra, cada frase, debe ser como un faro en la oscuridad, una señal que guía al lector a través del laberinto de nuestras ideas. Es un acto de generosidad, de compartir una parte de nosotros mismos con el mundo.


El escritor deja huellas en cada palabra que escribe, un sello personal que refleja la elegancia de su pensamiento. Es una habilidad, un talento innato que fluye como un río interminable. Es un pasatiempo que alimenta el alma con la chispa de la inspiración, una llama que nunca se apaga.


El escritor es un viajero en el tiempo, un artista que pinta con palabras los colores del pasado, el presente y el futuro. Cada sustantivo, cada adjetivo, es un fragmento de su visión única del mundo.


Escribir es aprender, es crecer, es compartir el tesoro de la sabiduría con aquellos que tienen la fortuna de leer nuestras palabras. Es un regalo que damos al mundo, un legado que perdura más allá de nuestra existencia. Así que, queridos amigos, sigamos escribiendo, sigamos explorando los misterios de la vida a través de la pluma y el papel, porque en cada palabra encontramos un pedacito de nosotros mismos y del vasto universo que nos rodea.



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