DE LA APROBACIÓN EXTERNA A LA INTERNA

Por: Hazzam Gallego

La necesidad de aprobación es algo que todos conocemos, ¿verdad? Todos, en algún momento, hemos buscado sentirnos validados y queridos por quienes nos rodean. Es normal, somos seres sociales, y querer agradar es parte de nuestra naturaleza. Sin embargo, hay una línea muy fina que separa el deseo saludable de agradar de la dependencia emocional a la aprobación de los demás. Quiero hablarte desde el corazón, desde la experiencia personal, porque todos, en mayor o menor medida, hemos sentido esta necesidad en algún momento.


La aprobación externa puede ser un impulso maravilloso, un estímulo que nos hace sentir bien, que nos exalta el ego y nos convierte en el centro de atención de los demás. Es como recibir un abrazo cálido o una sonrisa de alguien que valoramos. Pero, ¿qué sucede cuando esta necesidad se convierte en una obsesión? Cuando sacrificamos nuestra verdadera esencia y nos perdemos a nosotros mismos en el proceso.


He aprendido que una de las principales razones detrás de esta búsqueda incesante de aprobación es la baja autoestima. Cuando no nos valoramos lo suficiente, cuando no nos conocemos a nosotros mismos y no tenemos claridad sobre nuestras fortalezas, debilidades, miedos y valores, otorgamos más importancia a lo que piensan los demás que a nuestra propia opinión. Buscamos en la validación externa la seguridad que nos falta internamente, y eso puede convertirse en una trampa peligrosa.


También he notado que aquellos que han experimentado momentos de invisibilidad en sus vidas, la sensación de no ser tomados en cuenta por su entorno, de pasar desapercibido y sentirse relegado, tienden a depender más de la aprobación de los demás. Buscan la validación como una forma de llenar ese vacío emocional, como una especie de refugio contra la soledad.


La sobreprotección en la infancia puede ser otro factor determinante. Cuando crecemos en un ambiente sobreprotector, a menudo desarrollamos un vínculo de dependencia que limita nuestra libertad de elección y vivimos con incertidumbre, hasta que alguien nos acepta. La búsqueda de aprobación se convierte en una especie de red de seguridad ante la incertidumbre y el miedo a cometer errores.


Y, por último, no podemos olvidar la visión distorsionada de la realidad. A veces, creemos que nuestra felicidad depende exclusivamente de la armonía constante y la aprobación externa. Pero la verdad es que podemos ser felices y tomar decisiones importantes basadas en nuestras propias convicciones, sin necesidad de validación constante.


Entonces, ¿cómo romper este ciclo? Aquí tienes cuatro consejos que han sido un faro en mi propio viaje:

  1. Asumir la responsabilidad de tus decisiones, tanto los aciertos como los errores. No culpes a otros por tus elecciones. Aprende de tus errores y crece con tus aciertos.
  2. Tu opinión cuenta, incluso en los detalles más simples. No tengas miedo de expresar tus pensamientos y deseos. Esto te ayudará a fortalecer tu autoestima y a conectarte más auténticamente con quienes te rodean.
  3. Deja de tratar de caer bien a todo el mundo. No todos tienen que estar de acuerdo contigo, y eso está bien. La autenticidad atraerá a las personas adecuadas a tu vida.
  4. Recuerda que esta es tu vida. Nadie puede conocer tus deseos y necesidades mejor que tú mismo. Deja que tu corazón sea la brújula que guía tu camino.

La aprobación externa no es necesariamente mala, pero no debes convertirla en el fundamento de tu autoestima. Las personas que realmente importan son aquellas que te animarán a ser auténtico, a ser tú mismo. En última instancia, lo más valioso es aprender a aprobarnos a nosotros mismos, a amarnos y a confiar en nuestra propia voz interior. Es un viaje que vale la pena emprender.

«La aprobación más importante que necesitas es la que te das a ti mismo, porque cuando te apruebas, el mundo te sigue.» – Hazzam Gallego



Sobre el Autor:

Otras Columnas:

Deja un comentario