LA LLAMA INMORTAL DE GLORIA CUARTAS

Por: Mohamed Hadi Dahan Makansi

Después de salir del hotel me tuve que devolver a buscar mi anillo. Mi dedo meñique se sentía desnudo y el Tarra nos prometía un sol que se iría intensificando; aunque durante esa mañana aún pudiéramos disfrutar de algunas brisas.


El motivo de mi presencia en el corazón del Catatumbo se debía al encuentro entre más de 50 funcionarios del gobierno con la comunidad, para hablar y compartir acerca de los avances que se habían logrado en cuanto a la construcción de la Universidad del Catatumbo y luego establecer un diálogo pensando en el futuro. El evento empezó la segunda mañana de septiembre. En el colegio municipal del Tarra nos daba la bienvenida una señora muy amable, ofreciéndonos café e indicándonos que en el salón de profesores se encontraba el desayuno esperándonos.


Mientras comía, escuchaba a una señora con vitalidad elegante y ojos de haber visto mucho, ensayar un discurso. Lo que más me quedó sonando fue lo que le dijo a una acompañante después de terminar su declamación: «El acuerdo de paz se firmó hace ya 7 años, y aún nos falta mucho por abarcar y entender»


Me senté en segunda fila con esas palabras en mente, el evento ya había empezado. El viaje de Cúcuta hacia el Tarra había sido demoledor como siempre, con sus 8 horas de vistas hermosas, y yo no quería hacer contacto visual con nadie porque solo había dormido 4 horas. ¡A lo que me suena un «Qué ojos tan bonitos!” de parte de la mujer que nos acababa de hacer una presentación sobre la Paz y el dolor que aún llevan las personas por lo vivido en este país. Aunque claro, yo ya había tenido el privilegio de escucharlo mientras desayunaba, pero ver el efecto que generó este discurso en la comunidad me llevó a ver por cuánto tiempo había estado esperando la población que alguien fuese y expresará esas palabras, Alguien como Gloria Cuartas.


Le respondí tímidamente sonriendo y seguí observando todo a mi alrededor, lo más que podía. Me preguntaba si existía un escenario más desigual que dónde estábamos: El coliseo, por un lado, con funcionarios que tenían estabilidad, una jubilación garantizada y que habían llegado al sitio en helicóptero. De otro lado, líderes de todo el departamento, algunos viajando hasta 15 horas, para poder estar presentes dando voz a su comunidad. Sabía que los directores, viceministros, funcionarios y planeadores del gobierno tenían buenas intenciones. ¿Sabían ellos que significaba para cada persona estar en la socialización de ese proyecto? ¿Es consciente el lector del luto interno que casi todos parecían llevar bajo su liderazgo?


Me interesa más expresar como se veía y se sentía la gente, que los detalles del protocolo de creación de política pública. Una cosa es cierta y nos quedamos expectantes en ella: Si el gobierno del cambio está haciendo este gran esfuerzo por movilizarse y escuchar, ¿Cómo va a ser la intensidad cuando ya toque ejecutar?


La gente no quería discutir detalles técnicos, querían desahogarse y que les brindarán confianza, querían que el proceso de integración del Catatumbo con el resto de la región fuera una realidad.


En el Segundo día del encuentro, hubo una intervención de la señora implementadora del acuerdo de paz, Gloria, que me dejó con el alma arrugadita, prendió una Vela, invitando a sanar, y rodeando a aquellos con testimonios de verdad desgarradores, que por respeto no citaré.


Mientras la llama estaba inmortal, pensaba en algunas de las palabras de Stephen Crane:
«Un hombre tiene libertad para ejercer la virtud en cualquier posición que ocupe en la vida. La del rico no es tan superior a la del pobre como para suponer que lleva ventaja«.

Estos indios son con mucho la clase más castigada por la miseria que yo haya conocido, pero moralmente no está entre las más bajas. En efecto, viéndola desde una simple perspectiva religiosa, se encuentra entre las más altas. Son fieles sumamente devotos, con una fe ciega que goza de gran predicamento entre los teóricos.


Pero según mi punto de vista, eso no les hace justicia. Mido su moral a través de las manifestaciones de paz y satisfacción que se aprecia en sus semblantes.»


Y luego, como si hace 130 años, Crane hubiese dejado estas palabras para ayudar a definir la postura de muchos


«Si a alguien no se le da la justa oportunidad de ser virtuoso, si su entorno sofoca sus aspiraciones morales, yo diría que tiene una razón importante para quejarse y rebelarse contra la sociedad. Claro que siempre se puede ser mártir, pero nosotros no queremos ser mártires. Preferimos que nos traten con justicia, y entonces no hará falta el martirio.»


De las mesas de trabajo, una de las cosas que se me quedaron y que me llevan a escribir todo lo que he escrito fue la conclusión acertada de la ex senadora Gloria Cuartas: Cualquier esfuerzo que se desee emplear, tiene que ser con un compromiso total y duradero con el acuerdo de paz, proyectándose para cumplirlo. Todos los agentes de la sociedad Colombiana pueden y deben formar parte de la construcción de garantías. De comprensión y apoyo. La paz es el proyecto que puede levantar a Colombia, no solo como un fin, sino como un medio también.


Hay algo, que como Sirio, pude entender ese día: es más grande el dolor que nos une, que el color que nos separa.


En esa noche, luego de que todo terminara, me fui a comer pasteles con un amigo y a hablar de qué retos nos quedaban en la región. Una de las reflexiones del día había Sido, que hace falta confianza. Y que necesitamos empezar a generarla.


La expresión de como se siente la población ante los nuevos proyectos de transformación, es la constituyente de todos los cimientos institucionales. Es necesaria una constituyente universitaria, que dé voz a todos.


El Catatumbo es tierra mágica y ancestral, es tierra manchada, es tierra poderosa, es tierra de exiliados y tierra que da la bienvenida a nuevos hijos siempre. Es un horizonte y un rayo.


Uno de los sueños con los que me quedé a la hora de regresar en el bus hacia la frontera con Venezuela, fue el hecho de que hubiera jóvenes en el Tarra capacitándose para implementar la paz. Que las universidades de orden departamental que actualmente existen asuman compromisos y acuerdos con el territorio y con el gobierno para la verdadera integración del Catatumbo.


Bendita es la descentralización de la educación, por eso deseo hacer mención especial a la naciente Universidad de Ocaña, quien fuese conocida por medio siglo como Universidad Francisco de Paula Santander, seccional Ocaña. Destacada gestión de Carlos Bolívar para que la independencia fuera una realidad, designado presidencial, también conocido como el joven que me hizo cruzar la calle bajo la lluvia para comprar pasteles.


Los legados que nos quedan de este año: La Universidad de Ocaña y la Universidad del Catatumbo pueden ser el pilar que nos ayude a reconciliarnos y a cerrar brechas como región.

En Memoria de Sergio Duplat.



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