EL ALIENTO DE LA MUERTE

De: Lina María Uribe

Es media noche en el planeta Tierra, las almas se encuentran sumidas en sueños profundos mientras la luna baila discretamente sobre sus hogares. Sé esto porque me encuentro despierta, mis ojos de par en par y mis manos temblorosas cual ansiedad.

Basta, me digo, basta. Pero no me lo repito a mí misma, sino al otro ser que llevo por dentro… habita en mí de manera espontánea, se esconde cual el sol brilla y sale cuando la luna lo reemplaza. Basta, no quiero, le digo.

Pero ella me habla, me susurra con su voz maldita voz suave que lo haga. No quiero, le respondo, unas lágrimas surcando mis mejillas… tengo miedo. Pero ella sonríe amablemente y me recuerda que aunque mi corazón lata dentro de mi pecho y la sangre circule por mis venas cada 90 segundos, no estoy viva. Rememora que mi presencia es inevitablemente nula para las personas que me rodean y que el mundo estaría mejor si yo dejara de existir.

Basta, grito al borde de la locura, no quiero hacerlo, sal de mi cabeza… le digo suplicante. Ella posa una mano con una de las suyas y me entrega un utensilio de cocina cuyo filamento brilla aún en la penumbra. Asombrada, sostengo aquella arma fría en la palma de mi mano. Noto como mi corazón se acelera a causa del miedo, pero mi mente lentamente se tranquiliza. Entro en shock.

Yo solo intento ayudarte a aliviar tu dolor, dice ella, antes de besarme en la frente con aliento helado de la muerte.


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