LAS MATAS Y LA MÁGIA DE LA LUNA MENGUANTE

Por: La Nonita del Pueblo

Saludos, mis queridos lectores. Soy la abuelita del campo colombiano, o como me dicen mis nietos “la nonita” que no se cansa de aprender de la naturaleza y compartir sus saberes. Hoy les hablaré sobre el poder que reside en el diálogo con nuestras matas y en el misterio de la luna menguante.

Desde que tengo memoria, crecí bajo el ala protectora de las matas en mi querido pueblito. Mi mamita, que en paz descanse, me enseñó desde pequeña que las matas son seres con alma, merecedoras de nuestro afecto. Decía que, al igual que con amigos y familiares, con las matas también hay que hablarles con cariño, como si fueran parientes lejanos. Y es que, debo confesar, que esas charlas siempre han rendido sus frutos.

Cuando hablo con mis matas, les cuento de mi día, les expreso mi cariño y les pido que me ayuden a prosperar. Lo asombroso es que, en su propio idioma silencioso, las matas siempre responden con gratitud. Sus hojas se vuelven más verdes, sus flores más hermosas y sus frutos más dulces.

Pero la charla no es lo único que les hace bien a nuestras matas. Hay algo mágico en la luna menguante que mi mamita siempre destacaba. En esta fase lunar, la savia de las plantas se recoge en las raíces, como si fueran ahorros en una alcancía. Por eso, este es el momento perfecto para regarlas. Aprovechamos la oportunidad para nutrirlas con agua y amor, y así asegurarnos de que sigan floreciendo.

Además, la luna menguante es el instante preciso para cortar nuestras matas. En esta fase, las heridas sanan más rápido y las matas se recuperan mejor de la poda. Así, mantenemos un equilibrio, como cortarnos el cabello para que crezca más fuerte y sano.

Entiendo que para algunos esto pueda parecer un cuento de viejas, pero yo les aseguro que mis ojos han sido testigos de estos milagros. Las matas que cuido, riego y corto en luna menguante siempre lucen más robustas y saludables.

Así que, si quieren experimentar la magia de la naturaleza en su esplendor, les animo a hablarles con cariño a sus matas, regarlas en luna menguante y, si es necesario, darles un buen recorte en esa misma fase lunar. Verán cómo la diferencia es más que evidente.

La sabiduría de nuestras abuelitas y la conexión con la madre tierra no deben subestimarse. Así que, mis queridos amigos, no olviden que la naturaleza siempre nos habla, solo hace falta escucharla. ¡Hasta la próxima, con más secretos del campo colombiano!


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