BIENVENIDOS AL PAÍS DEL ROMANTICISMO NORMATIVO

Por: Nerio Luis Mejía

Las preocupaciones expresadas por José Félix Lafaurie, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (FEDEGAN), frente al artículo 61 del plan Nacional de Desarrollo en su numeral 5, que de acuerdo con la apreciación del dirigente gremial brinda las condiciones para una “Expropiación de la Tierra”.


Preocupación mayor que la que debieron sentir los pequeños dueños de parcelas en varias regiones del país, cuando a punta de fusiles se les obligaba a vender sus propiedades, a un menor precio de su valor real o de lo contrario sus cuerpos quedarían tendidos sobre su único patrimonio, que les garantizaba el derecho de vivir y trabajar para sacar adelante a sus familias.


En una decisión sin precedentes mediante una audiencia realizada el pasado 23 de agosto del presente año, la Sala Penal de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla, compulsó copias a la fiscalía general de la Nación contra 40 personas entre empresarios, ganaderos y miembros de la fuerza pública, vinculados al frente paramilitar Pivijay, perteneciente al Bloque Norte de las AUC. La medida cobija varias fincas de propiedad de prestantes ganaderos de los departamentos del Magdalena y el Atlántico, las cuales servirán luego de pasar por el proceso de extinción de dominio, para reparar a las víctimas de la expropiación paramilitar auspiciada por terratenientes.


Pero no se preocupe José Félix Lafaurie, este es un país de normas, las cuales nacen tan románticas que a la hora de su aplicación no hay quien las haga cumplir. Desde el reconocimiento del campesino como sujeto de derechos y especial protección, 16 representantes en las curules especiales de víctimas, proletarios congresistas que gastan dos millones y medio de pesos en nueces y verduras en sus dietas veganas, junto a una política de paz total, que no ha impedido las masacres y el asesinato de líderes y lideresas sociales.


En un año de gobierno, con ambiciosas propuestas que nos ofrecieron en campañas, tanto el ejecutivo y el legislativo, no han dado muestras de poder dar cumplimiento a las necesidades de nuestras comunidades. Regiones como el Catatumbo, donde sus habitantes no ven terminar la oscura noche, a consecuencias del decaimiento de sus economías ilícitas basadas en la producción de la pasta base de coca, la adversidad del cambio climático y el eterno conflicto armado, que no se observa ni la luz de la esperanza en el país del romanticismo normativo.


Imposible de lograr un cambio en el nuevo gobierno, donde los que acompañamos las propuestas de las trasformaciones sociales, hoy queremos ser representantes políticos, ya que, a través de la dinámica democrática, pretendemos cambiar nuestro estilo de vida en lo personal, utilizando las necesidades del pueblo como mecanismo incendiario, para conseguir su favor en las urnas.


Todo conllevará a una nueva clase de ricos, en la que no se necesitará de crear un ministerio de la igualdad, ya que nuestras ambiciones son igual de grandes que las de los políticos tradicionales.


No hay de qué preocuparse, aquí todo seguirá igual. Lo nuevo será asimilar la transición de mi vecino de parcela, pasar de dirigente social y defensor de las justas causas, a convertirse en burgomaestre, diputado, congresista o, por qué no, presidente. Si con tan solo saltarme la Constitución, es un sueño hecho realidad. Que la historia nos desmienta y que Timochenko lo ratifique.


Sereno señor presidente, usted está al frente del timonel, del arca en compañía del poder público de la nación y el interés privado de los particulares. Sus genes contienen la fiel copia del ADN de esa baja ralea invasora que vino del viejo continente. La que violó y saqueó las tierras del nuevo mundo. Libertad a cambio de conquistar las tierras para la corona, muerte a espada y pandemias, de las cuales no somos inmunes a pesar de que nuestros habilidosos políticos nos vacunan cada 4 años con discursos engañosos, en el país del romanticismo normativo.



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